Mujeres Guerreras (II): CATHERINE LUCILLE MOORE

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CL Moore

Catherine Lucille Moore (1911-1987, Indianápolis) fue una niña enferma en sus primeros años; tras ingresar en primer grado, una enfermedad la obligó a dejar la escuela, a la que no regresó hasta quinto. Mientras, aprendió en casa, rodeada de libros de mitología griega, novelas de Oz, de Frank Baum, o los Ciclos de Marte y Tarzán, de Edgard Rice Burroughs. (Comenzaba a estar perdida…)

Lo peor es que, junto a un primo, comenzó a imaginar historias romáticas de jóvenes héroes llenas de aventuras, en una época situada alrededor de 1200-1250, para la que desa-rrollaron una teología y mitología propia, tradiciones y leyendas, mapas, la casa gober-nante con su árbol genealógico, batallas y canciones de una larga saga de héroes. Y un personaje en concreto: Dalmar j’Penyra, pelirrojo de ojos negros, duque y pirata, picaresco y poderoso amante, invencible en cualquier tarea que decidiera emprender; todo un canalla… al que decidieron dar muerte en 1256, a los 35 años, la edad máxima a la que unas jovencitas como ellas imaginaban que un hombrepodía mantener su atractivo… (1)

Más tarde, ingresaría en la universidad de Indiana. Pero la Gran Depresión la obligó a dejarla y buscar trabajo en un banco. Y fue en un quiosco frente a su oficina donde, en 1931, encuentra un ejemplar de «Amazing Stories«, al que siguieron muchos otros , de «Wonder Stories«, «Astouding» y «Weird Tales«. (Definitivamente, estaba perdida…)

«Estas cosas son como una droga, ¿no? . Una, simplemente, no puede detenerse» (1)

Pero lo que Moore realmente deseaba era escribir, más allá de tres historias casi de cuentos de hadas que había publicado en un periódico estudiantil. Y, como tenía tiempo de sobra en el trabajo y debía aparentar que estaba ocupada, comenzó a escribir poemas en su máquina de escribir, para mejorar su velocidad. Y uno de esos poemas le llevó a pergeñar el comienzo de Shambleau, la primera historia de Northwest Smith, que apareció publicada en Weird Tales en noviembre de 1933. En la firma, utilizó sus iniciales, «CL«, para que en el banco no supieran que tenía ingresos adiciona-les, por temor a que la despidiesen. Cobró por ello 100$, su sueldo de un mes.

La carrera de Catherine Lucille (mejor dicho, CL) fue meteórica. No sólo los críticos la alababan, sino también el gran público, que la votó como historia más popular del año y la segunda de la década, por encima de personalidades de reconocido prestigio, como C.A.Smith, E.Hoffman Price, H.P.Lovecraft, R.E.Howard o S.Quinn, a quienes admiraba y muchos de ellos se deshicieron también en elogios hacia su obra. En abril de 1934 se publicó su segundo relato, Sed Negra, que fue valorada por los lectores por encima de «Sombras de Hierro en la Luna» de Robert E. Howard, publicada en el mismo número. Pero ella tenía clara su propia opinión:

«Me gustaría leer todo lo que Robert E. Howard ha escrito.  Su primera historia que leí fue «Gusanos de la Tierra» y, desde entonces, he sido su fan. Y, por supuesto, de Lovecraft y Price. (1)

También ellos lo tenían claro, por las apasionadas referencias que de ella hacían en sus cartas, tanto particulares como públicas en «Eyrie«. Tanto, que no tardaría en ser parte del llamado Círculo Lovecraft (extendido), con el apodo de Sister Katy (2).

Es por esa época (en carta de 28 de marzo) que CLM revela a Barlow su género. No está claro cómo se extendió el rumor, pero en el número de mayo de «The Fantasy Man», se anunció con descaro y alegría que el creador de las historias de éxito de Northwest Smith era una mujer. Puede que Howard, como suscriptor de la revista, se enterase por este medio. Lo que sí está claro es que su interés por ella iba en aumento y recurría a Barlow (interlocutor epistolar de casi todos ellos a través de HPL) para conocerla mejor; al tiempo que Moore indagaba en Lovecraft sobre el tejano a quien admiraba. Y ambos, sin conocerse, extasiaban a los lectores de «Weird Tales» con sus personajes, Smith y Conan, a los que alababan, comparaban y exaltaban en su favor, prácticamente a la par.

Tras publicar el tercer relato de Northwest Smith, «Sueño Escarlata», CL Moore decide enterrarlo… temporalmente. Farnswort Wright editor de Weird Tales le ha aceptado ya una nueva historia, con una dama medieval pelirroja como personaje…

JIREL DE JOIRY

CL Moore seguiría publicando de forma regular y continua historias de ambos persona-jes (la conjunción completa y definitiva de aquel Dalmar j’Penyra, pelirrojo y canalla, de su juventud), que gozan del fervor de sus propios colegas escritores y, muy especialmente, de los lectores, que situaban a Jirel y NW Smith a la altura de Conan; los escasos detractores de su obra o estilo generaban defensas apasionadas de colegas como R.E.Howard y, sobre todo, HP Lovecraft.

Fue así hasta 1936, un año de fuertes impresiones para ella: por un lado, en junio, se suicidó REH, noticia que le afectó muy especialmente, por la amistad (epistolar) que se profesaban y afinidad de género (espada y brujería) que cultivaban, cada uno de forma y enfoques muy diferentes. Su carta de despedida fue, entre las de otros colegas, de las más apasionadas y cercanas. Tanto le afecta, que incluso llega a abandonar el personaje de Jirel de Joiry.

Por otro lado, 1936 fue el año en que Henry Kuttner comienza su correspondencia con ella. Kuttner había sido muy bien acogido por Lovecraft, con quien compartía admiración, llegando a realizar una defensa apasionada de su estilo, hasta decir: «CL Moore me parece mejor escritor que Lovecraft… que el Lovecraft actual» (3).  A inicios de año decide escribir a CL Moore (tratándola de inicio de Sr. Moore), y más tarde, en una de sus cartas le incitará a recuperar el personaje de Jirel, incluso proponiendo una colaboración entre ambos. CL acepta y así lo comenta a HPL, que se alegra por ambos y les anima. El relato es un crossover entre Jirel y NW Smith, «La búsqueda de la gema de las estrellas«, que supone el regreso de la guerrera y la conjunción completa, pelirrojo y canalla, de aquel personaje de antaño, Dalmar j’Penyra. Sólo ´que HPL no llegaría a verlo: se publicó en WT en septiembre de 1937, y el había fallecido el 15 de marzo.

Catherine Lucille Moore y Henry Kuttner se casaron en 1940. CL Moore no volvería a publicar con su nombre, pero no dejó de escribir por ello. Desde ese momento, son muchos los relatos que ambos publican, sólo con la firma de él o bajo pseudónimos como Lewis Padgett, C. H. Liddell o Lawrence O’Donell. (5) Hasta 1958, que Kuttner muere prematuramente, a los 42 años.

CL Moore no volvió a escribir desde entonces. Casada en segundas nuncias, murió el 4 de abril de 1987, víctima del Alzehimer.

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NOTAS:

  • (1) Extracto de diversas cartas de C.L.Moore a R.H.Barlow en 1934
  • (2) El Círculo principal estaría compuesto por 
    • H.P.Lovecraft («Luveh-Kerapf«, Sumo sacerdote «Ech-Pi-El»)
    • lark Ashton Smith (el mago oscuro «Clarkash-Ton«)
    • Robert E. Howard Bob dos pistolas«)
    • August Derleth (el «Conde D’Erlette«, autor del Culto a los Gules)
    • Frank Belnap Long Belknapius«)
    • En el Círculo ampliado también podrían considerarse otros corresponsales (con «nick» o no) que participaron o intercambiaron personajes o Mitos, como:  Robert BlochBoh-Blok» o «Robert Blake» en «El morador de las tinieblas»),Donald Wandrei («Melmoth«), Henry KuttnerCL Moore («Sister Katy»), Henry Hasse, E. Hoffman Price, Fritz Leiber…
  • (3) Weird Tales, septiembre de 1934
  • (4) Para mayor documentación sobre la autora y citas a las que se hace referencia, consultar el excelente prólogo de Javier Jiménez Barco a la reciente edición «Jirel de Joiry, la saga completa», de Costas de Carcosa (marzo 2019) o el artículo «Conan y Jirel: Robert E. Howard y CL Moore» por Bobby Derie, publicado en tres partes en http://onanunderwood5.blogspot.com
  • (5) En el año 2007 se estrenó la película The Last Mimzy (Mimzy: Más allá de la imaginación en España e iberoamérica), que adapta el cuento «Mimzy Were the Borogoves», de Lewis Padget, uno de sus pseudónimos conjuntos.

Unos mal intencionados comentarios sobre EL COLOR QUE CAYÓ DEL CIELO

by PacoMan

España es un país de pandereta, por lo que es obligación ser pirata: me he descargado El Color que Cayó del Cielo de freeditorial.com. En inglés original: The Colour Out of Space el cuento está libre de derechos y descargable aquí.

Este cuento lo escribió Howard Philips en Marzo de 1927 cuando contaba 37 años y estaba en pleno esplendo creativo, por desgracia sólo faltaban 10 años para su prematura muerte.

Este cuento fue el único que publicó en Amazing Stories al pensar Philips que contenía más ciencia ficción que lo recomendable para su amada Weird Tales, pero como quiera que el “rata” de Hugo Gernsback le costó aflojar el pago, nunca más volvió a tratar con el luxemburgués, que según los muy chovinistas americanos es el padre del moderno concepto de Ciencia Ficción y dio nombre a unos premios que inspiraron a nuestros Ignotus y por tanto con los mismos defectos.

En mi copia no aparece el traductor, los piratas somos legión e indocumentados. Este cuento ha sido traducido 7 veces (habrá más, pero me cansé de buscarlas). La primera vez en Argentina en 1957 con el título: El color que cayó del cielo por Francisco Porrúa (bajo el seudónimo de Ricardo Gosseyn). Porrúa desarrolló una inmensa tarea como editor frente a la imprescindible editorial Minotauro. La otra traducción argentina de 1994 es de Elvio Gandulfo que mantuvo el mismo título. El escritor catalán, Antonio Ribera Jordà lo tradujo en 1973 como El color surgido del espacio. En 1980 también tituló así su traducción Aurelio Martínez Benito, incluso Babel 2000 (sic) le puso este mismo título a su traducción de 2003. En 1999 el español José Antonio Álvaro Garrido (que firma sus obras de ficción como León Arsenal) tituló El color fuera del espacio a su traducción y finalmente Juan Antonio Molina Foix tituló su traducción como: El color del espacio exterior. Mucho ruido para tan pocas nueces, al menos Lovecraft goza del favor de los editores que lo reeditan una y otra vez.

De todos es conocido que el bueno de Howard era un xenófobo y aquí una pincelada en pleno cuento:

“… No me estuvo raro que los extranjeros no quisieran permanecer allí…”

Cosa curiosa, ya que el narrador es un casi “basura blanca” descendiente de puritanos ingleses. Un foreigner recién llegado a ojos de un verdadero nativo, pero ya sabemos que los Howard Lovecraft y Donald Trump de los USA tienen unos terribles problemas con la pertenencia y la antigüedad.

¿Y el cuento? Pues está muy bien. Como ha servido de modelo de películas, novelas y otros cuentos, a ojos de hoy no parece original, cuando es el responsable de todo. Soy pirata pero educado, como voy a fusilar muchos textos y soy amigo de alguno de sus editores, los voy a citar: H. P. Lovecraft: El caminante de Providence de Roberto García Álvarez editado por GasMask en Abril 2016. Página 438:

“… El gran ciclo de relatos de 1926-27 se cierra con The Colour Out of Space [El color del espacio exterior], escrito en marzo de 1927. Se trata de uno de los mejores relatos de Lovecraft, que aúna horror y ciencia ficción y que, incluido en los Mitos de Cthulhu, lleva la acción desde las calles de Arkham hasta las granjas cercanas a la mítica ciudad. El narrador del texto comienza hablando de una zona totalmente estéril que día tras día se va ensanchando. Con el testimonio de uno de los habitantes más viejos del lugar, logra descubrir que ese lugar está maldito y yermo desde que en 1882 cayó allí un meteorito. A partir de ese momento, una enfermedad extraña comenzó a diezmar a todo ser vivo de la zona. Los Gadner, la familia de granjeros más próxima al lugar, comenzaron a enloquecer y morir uno a uno. En el interior del meteorito se ocultaba una criatura gaseosa de un color no propio de este mundo que es la responsable de todos esos desastres. Pero la desaparición de los Gadner y el abandono de su granja no suponen el fin de la pesadilla; el progreso de las grandes ciudades hace que todo aquel lugar vaya a quedar bajo las aguas de un nuevo pantano que proveerá a los incautos urbanistas. …”

Cualquiera diría que la enfermedad descrita es algún tipo de radiactividad… difícil pues los efectos mutagénicos de la radiación fueron identificados por primera vez por Hermann Joseph Muller en 1927 desde la Universidad de Texas (en 1946 le valió el Nobel de Medicina) a miles de kilómetros de Providence y de la Miskatonic University tan querida por Howard.

Llegué a Lovecraft de la mano de la antología: Los Mitos de Cthulhu que Rafael Llopis hizo para Alianza Editorial en 1969. En esta selección como bien avanza en el prólogo:

“… he seleccionado todos los cuentos de Lovecraft que, pertenecientes a dicho ciclo, fuesen inéditos en castellano. …”

Y como ya hemos visto este cuento, de esquivo color, se publicó en castellano en 1957. Rafael Llopis no dedica comentarios específicos al cuento, ni en el ensayo introductorio, ni en los cuatro capítulos que le dedica al maestro de Providence: del XXXVIII al XLI en su docto ensayo Historia Natural de los cuentos de miedo (1974) Ediciones Jucar. Eran otros tiempos, el fandom no era lo que es ahora y no había reconocimiento alguno al género. Quiero destacar dos pinceladas de Llopis, la primera es para ubicarnos, para no perder la referencia de donde estamos y a que hemos venido. Página 230:

“… Lovecraft, como tan a menudo sucede, fue en vida un escritor minoritario que ha alcanzado la popularidad treinta años después de muerto. …”

Esto lo dijo en 1974, han pasado 44 años desde entonces. Para que te tomaran en serio había que decir cosas cripticas (o no) como estas. Página 231:

“… Acaso la primera contradicción en importancia sea entre su materialismo y su idealismo. “¡Idealismo y materialismo, ilusión y verdad!”, escribe Lovecraft en uno de sus ensayos. Pero esta frase, en la que se declara explícitamente materialista, es a la vez un grito de dolor implícito por su incapacidad para creer en la realidad de sus sueños. De esta contradicción nace toda la obra lovecraftiana, que no es sino racionalización materialista de contenidos arquetípicos y numinosos. …”

Ahí queda eso. Hay algunas perlas de igual o superior calibre, pero como botón de muestra creo que es suficiente.

Lo cierto es que el cuento lo acabo de leer por primera vez gracias al Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga para el encuentro del viernes 29 de Junio de 2018, dedicado a Los Mitos de Cthulhu. A mí me ha gustado, capta la atención del lector y te lleva a donde le da la gana llevarte. Pero mejor vuelvo a ceder la palabra a Roberto que se explica bastante mejor que yo:

 “… Lovecraft hablaba del texto como un “estudio de la atmósfera” y, en efecto, el relato no tiene ninguno de los habituales artificios de Lovecraft y además está contando con un estilo directo y llano. Su interés por la atmósfera del relato, por el ambiente y el escenario, hacen que no necesite recrearse en los aspectos sanguinolentos de la historia,  y aún así logra crear la atmósfera de aislamiento y opresión necesaria para que el lector se imagine, sin mucho esfuerzo, estar presente en la Nueva Inglaterra rural donde tienen lugar los hechos. …”

Es absolutamente imposible no percatarse que la película Aniquilación (Annihilation, Alex Garland 2018) por muy basada en la trilogía de Jeff VanderMeer que esté, no es que beba de este cuento es que se abreva sin pudor ni recato. El bueno del VanderMeer me parecía un sujeto de escaso criterio desde su muy gráfica, pero escasa de enjundia Biblia Steampunk. Jeff abandera el movimiento weird, que en su peor versión está siendo emulado por nuestro fandom. El amigo Jeff además lidera un revisionismo que denigra al maestro de Providence. Pero voy a ceder de nuevo la palabra, esta vez a Alberto López Aroca, editor de Ulthar que en el volumen de Abril de 2018 introduce un ensayo de Joshi sobre la trilogía de Jeff VanderMeer:

“… El siguiente artículo del gran S. T. Joshi es una crítica a la Trilogía de Southern Reach de Jeff VanderMeer, que recientemente ha tenido adaptación cinematográfica. Considerando que VanderMeer es uno de los mayores detractores de Lovecraft, y que Joshi es el mayor investiga-dor lovecraftiano en activo, saltan chispas, hay spoilers, disecciones y opiniones sin pelos en la lengua. …”

Vive Dios que Joshi acumula argumentos y deja en evidencia la baja calidad de la obra de Jeff, pero ese no es nuestro propósito, sino evidenciar que la novela y la película en mayor medida se inspiran en el cuento que nos ocupa.

Escuchemos a Joshi:

“… Es evidente que VanderMeer ha hurtado elementos claves del trabajo de William Hope Hodgson y de H. P. Lovecraft.  (…) En cuanto a Lovecraft hay varios préstamos obvios de las características específicas de sus cuentos. Se pueden identificar cuatro de esos préstamos:

  1. Una indicación al principio del relato, cuando “la frontera [del Área X] está avanzando… un poco cada año”, es claramente un préstamo de “The Colour Out of Space” (1927) donde un meteorito que transporta a una entidad extraterrestre (o a un conglomerado de entidades) aterriza en la propiedad de un desventurado granjero; y aún cuando la entidad en apariencia vuelve al espacio al final del cuento, los efectos permanecen: “la plaga se expande, poco a poco, quizá una pulgada por año” …”

Pero el préstamo es mayor, el cuento describe una naturaleza alterada, bajo mal funcionamiento, que me llevó a especular con la radiación como causante, evidentemente en la trilogía y película uno de los elementos más impactante es el comportamiento aberrante de una naturaleza alterada a lo Lovecraft. Joshi referencia tres préstamos más a: In the Mountains of Madness (1931), “The Dunwich Horror” (1926) y “The Shadow Out of Time” (1934-35).

Y claro la crítica final de Joshi a Jeff por una práctica que se ha extendido sin respetar fronteras:

“… Resulta divertido darse cuenta de que entre los personajes de VanderMeer hay una mujer negra (Grace Stevenson), un hombre hispano (John Rodriguez), un homosexual (Saul Evans), y una lesbiana (Grace Stevenson). Todo muy apropiado según los cánones de la corrección política multicultural. El único problema es que estos personajes son tan intercambiables entre sí que sus características étnicas o sexuales no tienen relevancia en el conjunto de sus personalidades, y no influyen en las acciones que su autor fuerza mecánicamente a que realicen. En especial, las escenas con Saul y su amante son tan humillantemente envaradas y torpes que más parecen una parodia del amor homosexual. …”

Y la puntilla:

“… Como otros muchos detractores de la superioridad moral, VanderMeer sabe que ahora está de moda desacreditar a Lovecraft por toda clase de negligencias personales y literarias imaginables, pero es evidente que no está por encima del robo de elementos fundamentales del revolucionario trabajo de Lovecraft cuando le conviene. …”

¿Qué más puedo añadir? Tantas similitudes…

En fin, Lovecraft era un montón de istas, pero es nuestro ista, lo que no le impedía escribir como Dios.

BRAN MAK MORN. El último rey de los Pictos.

Llevo tiempo sin publicar en el blog, pero la ocasión lo merece: no puedo dejar sin reseñar la aparición, al fin, en España de un volumen dedicado en solitario a uno de los personajes más emblemáticos de Robert E. Howard: Bran Mak Morn, El último rey de los Pictos; puede que no tan conocido por el gran público como Conan, Kull o Solomon Kane, pero de característica similares en cuanto a la épica de sus aventuras heroicas, con el componente añadido de oscuridad crepuscular en el entorno y visos de tragedia en sus actuaciones; relatos que a las reconocidas dotes narrativas del autor y su excelente descripción de las batallas añaden influencias ciertas de terror gótico, la atmósfera opresiva y decadente en el paisaje y ambiente que elabora Arthur Machen, y otras, muy evidentes, de su amigo epistolar H.P.Lovecraft y sus Mitos de Cthulhu. Se hacía necesario disponer de nuevo en castellano de una obra como ésta, que congrega alguno de los mejores relatos escritos por el tejano y sus cuentos sobre un pueblo, el picto, que -en diferentes concepciones- está presente a lo largo de toda su (corta) vida como escritor. En este caso, además, iluminados con las excelentes ilustraciones de un autor, Gary Gianni, recurrente en este blog (1), que interpreta a la perfección la imagen de ese rey salvaje pero inteligente que combate al imperialismo opresor (romano) por la libertad de su pueblo, y no duda en utilizar para ello todos los recursos que tiene a su disposición… aunque se arrepienta después de sus decisiones.

Resulta curiosa la fascinación de REH por el pueblo picto desde su infancia.   Él mismo comenta -en carta a H.P.Lovecraft en 1932-, que era fruto de su aversión «por instinto» hacia el imperialismo roma-no (2), que le llevó a idealizar a ese enemigo pequeño –«pictos y escoceses»– que frenaba a las poderosas legiones más allá del Muro de Adriano. Ver por primera vez el nombre pictos en mapas fuera de los vastos límites del imperio romano le sugería «guerras terro-ríficas, ataques salvajes y feroz resistencia; valor heroísmo y ferocidad», elementos reconocibles en todos sus personajes de acción.  Eso sí, sus pictos son en gran parte –y lo confiesa sin tapujos– mezcla de su simpatía por aquel pueblo bárbaro y salvaje que admiró de niño y «una pizca de fantasía» que le lleva a idealizar el linaje de su rey más allá de la realidad de una raza:

«Los convertí en una raza fuerte de guerreros bárbaros; les otorgué una historia honorable de glorias pasadas; y creé para ellos un gran rey, Bran Mak Morn

«…un hombre de mediana estatura, similar a una pantera, con ojos negros inescrutables, cabello negro y piel morena.»

El nombre del personaje lo construye en base a una fonética gaélica de las crónicas históricas que admiraba, con variantes, como esa «k« (inexistente en el alfabeto gaélico) en lugar de «c«, para darle distancia histórica y «raíces no arias que se pierden en los sombríos laberintos de la antiguedad», a fin de enlazarlo con «aquella raza mediterránea que fue la primera en habitar Inglaterra».  Así, le llama Bran por Brennus, personaje histórico galo al que admiraba por haber incendiado Roma, y Mak Morn por Goll mac Morna (Goal mac Morn), conocido héroe irlandés perteneciente al Fianna (3).

Fue tal la fijación de Robert E. Howard con el pueblo picto que lo utilizó en casi todos sus ciclos de Fantasía Heroica (salvo Solomon Kane, ambientado en una época más moderna y civilizada), aunque de forma diferente en su concepción y alianzas, depen-diendo del momento histórico en que se encontrara.   Así, antes de Bran Mak Morn, en el ciclo atlante de Kull (unos 300.000 años a.C.), resulta una raza noble, aliada del rey (un salvaje como ellos); y un picto, Brule, el asesino de la lanza, se convierte en su amigo y compañero inseparable, y su shaman en consejero habitual. Más cerca, en el conocido ciclo de Conan (unos 12.000 años a.C.) los utiliza en tres relatos importantes, Más allá del río Negro, El extranjero negro y Lobos más allá de la frontera, como un pueblo enemigo de los cimmerios, feroz, salvaje y traicionero, que no desdeña los sacrificios humanos; aquí su estética recuerda a veces a la de los primitivos indios americanos de los westerns, malos-malos y enemigos de los colonos.

El ciclo picto de Bran Mak Morn que recoge el presente volumen (junto a relatos posteriores), se sitúa al norte de la Inglaterra actual sobre el año 300 d.C., mientras los diversos pueblos que allí habitan resisten la invasión colonial romana. Son seis relatos, poemas o fragmentos los que contiene:

La Raza Perdida donde introduce a la gente pequeña, la primera raza, que sobrevive desde la Edad de Piedra oculta en cuevas, degradada físicamente y perdida su grandeza inicial. Está narrado por Cororuc, un explo-rador britano capturado y llevado al sacrificio, del que será liberado por Berula, jefe de los pictos de Alba (Escocia), a quien ha ayudado antes.  (Hay quien prefiere situar este relato más tarde, tras la desaparición de Bran, como exponente de la progresiva decadencia de la raza picta.  Pero fue el primero que escribió Howard sobre los pictos, y Javier Jiménez Barco, alma de esta compilación, decide seguir los pasos de Javier Martín Lalanda y situarlo como inicial).

Bran Mak Morn (una sinopsis de una historia no escrita) sirve para introducir al personaje y establecer su ubicación geográfica y temporal.

Hombres de las Sombras es el primer relato donde Bran se convierte en protagonista. La narración es de un norteño, ciudadano y soldado de Roma en el Muro de Adriano, que ve cómo su compañía de 500 hombres va cayendo uno tras otros ante sucesivos ataques pictos, verdaderos lobos sal-vajes entre los brezos, y sólo él sobrevive. Perdonado por su rey, Bran Mak Morn,  por su valor en combate, asiste a un enfrentamiento dialéctico entre el rey y su shamán Gonar (concepción nueva y antigua de la raza picta), y conoce la historia de la Tribu Perdida, la primera raza, su grandeza y decadencia, su degradación y retroceso tras mezclarse con los salvajes que los invadieron; excepto el linaje real, que se man-tiene puro y Bran representa, exponente del nuevo futuro que desea para su pueblo. Pero en las visiones y profecías que emergen del fuego del campamento en la noche queda implícita una promesa: que la caída de Bran supondrá también la de su pueblo.  Para siempre.

Una Canción de la Raza, un poema que ahonda en el tema, y en el que el rey picto en su trono escucha cómo la primera raza en habitar la tierra, la de los pictos, será también la del último hombre cuando se extinga.

Reyes de la Noche. Uno de los mejores relatos de Howard; de narrativa excelente, ágil, y una vívida descripción de los combates, uno de los puntos fuertes del autor.  Pertenece también al ciclo atlante, puesto que Kull es convocado a través de las eras por Gonar para comandar la fuerza norteña aliada de Bran, que sólo seguirá a un rey no picto, gaélico ni britano.  Pero ahí acaban las referencias fantásticas de la historia, convertida en un relato pseudo-histórico de la batalla, estrategia, combate sangriento y épica.  Bran Mak Morn no ha logrado aún unificar las tribus pictas bajo su mando (lo conseguirá si vence en la batalla), pero sí una alianza entre los distintos pueblos que habitan la isla contra el invasor romano, junto al gaélico Cormac na Connatch… y ahora Kull.  Y demuestra que sabe actuar como rey de su pueblo, aunque para ello precise sacrificar aliados.

Gusanos de la Tierra.  Considerado por muchos el mejor relato del ciclo y referente de terror del autor, no en vano su título ha encabezado numerosas antologías de uno y otro tipo.  En él, la sombra de Machen y la influencia de Lovecraft es tan clara, los guiños a los Mitos tan evidentes, que incluso utiliza los nombres de R’lyeh y Dagon, mientra nos sumerje en pantanos infectos, marjales grisáceos, cabañas sombrías de brujas arteras y sonrientes, o angostos pasillos irrespirables horadados bajo tierra para conseguir una atmósfera tenebrosa, asfixiante. Es la historia sombría de una sucia venganza; la lucha oscura de Bran contra el imperio por cualquier medio («¡No hay armas que deje de utilizar contra Roma!»). Y para ello no duda en yacer con una bruja lupina que le facilita alcanzar la Piedra Negra, objeto que permite el acceso y favor de unas criaturas deformes y ponzoñozas, los Gusanos de la Tierra, artífices de su vengan-za.  Aunque con ello condene su alma y a su pueblo…

Bran Mak Morn (una obra de teatro) es un corto fragmento en el que Bran se lamenta de sus esfuerzos baldíos por evitar el retroceso de su raza a la barbarie.  También se recoge un Fragmento sin título en el que aparece Partha Mac Othna, alias que utiliza el rey mientras recorre las tierras de incógnito, y una mujer guerrera, pelirroja y altiva, que le desafía en combate, y que bien puede ser el embrión de esa Sonya la Roja que tan bien supo definir más tarde.

El volumen no recoge ningún relato del ciclo de Cormac Mac Art, pirata gaélico aliado de una banda de vikingos daneses, que transcurren unos 200 años después de Bran Mak Morn, durante el reinado mítico de Arturo Pendragon.  Y eso que Mac Art se ha enfrentado (y aliado) a los pictos de Caledonia en más de una ocasión.  En sus historias aparecen descritos desde un punto de vista enemigo y casi como una involución del pueblo de Bran: bajos, robustos, de caminar encorvado, silenciosos como sombras, «adoran a dioses extraños y aborrecibles». Son cuatro relatos de piratas y vikingos que no poseen -salvo el último- componentes fantásticos, en los que prima la aventura y una novelización histórica con ciertas licencias.  Quien se interese por ellos tendrá muy pronto la oportunidad de disfrutarlos (4).

El Hombre Oscuro pertenece al ciclo de Turlogh Dubh O’Brien, el Negro, un guerrero irlandés en los albores del S.XI, del que Howard escribió tres magníficos relatos y un fragmento.   El que nos ocupa transcurre unos años después de la batalla de Clontarf (1014) que el autor recogió en un excelente relato repleto de belleza y poesía épica como El Dios Gris pasa. Éste no le anda a la zaga: narra su encuentro con pictos descendientes de Bran, y una extraña estatua de piedra negra del antiguo rey, cuando acude al rescate de una mujer de su clan secuestrada por unos saqueadores daneses. Un relato excelente, muy bien construido, bajo las mejores pautas heroicas que marcan la obra del autor.

Dos relatos del ciclo de «Memoria Racial», con protagonistas ya contemporáneos, Los Hijos de la Noche y El Pueblo de la Oscuridad forman parte de esta compilación.  No son de los mejores de la serie, en la que sobresale El Valle del Gusano.  En el primero, John O’Donnell, en una conversación sobre Machen, Lovecraft, von Juntz y el Necronomicon, regresa en espíritu hasta un picto que se enfrenta a los Hijos de la Noche, una raza de origen ofidio que recuerda a los Gusanos de la tierra.  En el segundo, otro irlandés, John o’Brian, recuerda su experiencia pasada como Conan, un gaélico, antes de dar muerte al último Hijo de la Noche, acto con el que salda la deuda de su ancestro.  También con protagonista moderno es La Gente Pequeña, un cuento de inspiración en Machen que incluye seres deformes y horripilantes semejantes a los anteriores, y un extraño druida que los detiene.

Cabe destacar la inclusión en el volumen -por primera vez en castellano- de El Giro de la Rueda (the wheel turns),  la novela inconclusa que Howard comenta haber escrito en carta a su amigo Tevis Clyde Smith en 1923 y que se creía perdida; Patrice Luinet, editora de The Wandering Star y entendida como pocos en la obra de Howard la rescató en 2004 de entre los numerosos papeles del autor que conser-vaba Glenn Lord, su albacea literario (5). Falta precisamente la parte dedicada a Bran Mak Morn; aunque aparece otro picto, junto a diversos personajes guerreros de diversas épocas cuyas narraciones se alternan a través del tiempo, enlazadas en una rueda que gira sin detenerse.  Esta circunstancia, junto a los poemas que incluye -en castellano también por primera vez-, el ensayo literario que el autor escribió sobre sus pictos, y la extensa correspondencia que mantuvo sobre ellos con H.P.Lovecraft, Howard Price o Clyde Smith, hacen de El Último Rey de los Pictos un volumen único para el aficionado a la obra de Howard.  La traducción es buena, descargada en su gran parte -no toda- de los grandes defectos que a menudo acompañan a las traducciones demasiado literales de sus escritos.  Si, además, los textos se presentan iluminados con las magníficas ilustraciones (9 láminas a color en el interior, además de portadas y solapas, y numerosas en blanco y negro) que Gary Gianni  realizó para el personaje (como para casi todos los del autor), este Libro de Barsoom que compila la obra de Howard dedicada a los pictos resulta imprescindible.

Porque Bran Mak Morn no es un personaje desconocido en castellano, ni siquiera en un volumen único.  Muchos recordamos aquel Gusanos de la Tierra, número 14 de la ya mítica colección Fantasy de Martínez Roca que tan buenas obras nos dio.  Pero de aquello se cumplen ahora 30 años (Berserkr recogió la noticia en su día), demasiados para un personaje tan especial.  Después, sólo relatos sueltos en diversas recopilaciones de terror, del propio Howard o de varios autores; curiosamente, casi todas recogidas bajo un título protagonizado por el rey de los pictos (como Los Gusanos de La Tierra y otros relatos de horror sobrenatural, nº 38 de Valdemar Gótica).  De ahí la importancia de este volumen de Los Libros de Barsoom.

No hace mucho meditaba sobre la necesidad en España de una edición completa de la obra de Howard en el formato que se merece.  Es de destacar la labor de recopilación que vienen realizando tanto Los Libros de Barsoom en distintas colecciones, como La Biblioteca del Laberinto en formatos diferentes.  Yo quiero más, sueño con más: una edición uniforme en gran formato, de calidad, incluso de lujo, similar a la que Timun-Mas realizara en tres volúmenes para Conan en 2006, recogiendo la previa en inglés de Wandering Star o Del Rey.  Incluso rememoraba la francesa de Bragelonne (gran formato y numerosas ilustraciones, tanto de ediciones previas como realizadas expresamente), dirigida y traducida por una entendida como Patrice Luinet (6).   El Último Rey de los Pictos es lo que más se le acerca, por el momento, como volumen dedicado al ciclo de Bran Mak Morn. Si alguna editorial profesional en España tuviera dos dedos de frente y un poco de iniciativa fantástica, ya sabe dónde debería mirar.


1 – Para ver otras entradas en el blog relacionadas con Gary Gianni pulsar aquí.

2 – Siempre me he preguntado si, de haber vivido y seguir escribiendo, Robert E. Howard hubiese tomado también partido frente al imperialismo yanky -en Vietnam, por ejemplo-; quién sabe…  De lo que sí estoy seguro es que sería fan irredento de «Asterix el galo«.

3 – Bandas de guerreros semi independientes en el Ciclo Feniano de la mitología irlandesa

4 – En abril volveremos a disfrutar en España de las historias de Cormac Mac Art, en el volumen que prepara Kelonia Editorial, ya en preventa en este enlace

5 – Fallecido en 2011.  En 1987 Glenn Lord colaboró personalmente en Berserkr, fanzine de y sobre Fantasía Heroica con un artículo sobre sus recuerdos de Howard.  Seguir este enlace para ver su reproducción y diversos artículos sobre su persona aparecidos en el blog.

6 – Ediciones de Rober E. Howard por Bragelonne (A algo parecido a esto me refiero.  ¿No os da envidia?  Posiblemente recupere más adelante la idea de escribir una entrada al respecto):

SEMILLAS DE CTHULHU. Relatos, de Jose Fco. Sastre. Serie Autores Españoles 1.

Ficha de Semillas de Tchulhu

No voy a negar que, para alguien que lleva muchos años relacionado con esto de lo fantástico, y además ha vivido de cerca la edición -aunque sea fanedición-,  es un verdadero placer y alegría saludar la aparición de nuevas editoriales o coleccio-nes dedicadas a la literatura de género.  Últimamente, la alegría es grande, pues son varias las propuesta que han surgido en este campo, con el nacimiento de editoriales como Costas de Carcosa, especializada en literatura pulp, o Ediciones El Transbordador para autores actuales (y además en mi ciudad), a las prometo dedicar espacio en próximas entradas.

Pero esa alegría es doble en el caso de esta nueva Serie Autores Españoles de La Biblioteca del Laberinto, y quiero felicitar a Francisco (Paco) Arellano a quien tanto debe el género (autor, traductor, recopilador y editor; a quien conocí en persona), por esta apuesta decidida a dar paso a autores españoles actuales, en una serie dedicada de su conocida Biblioteca; e incluso triple, por cuanto el autor elegido para su nº1, José Francisco Sastre, es todo un trabajador del relato, colaborador incansable de artículos para revistas, escritor de libros de fantasía o terror, y colega.

Cthulhu por Dominic Qwek

Cthulhu por Dominic Qwek

Semillas de Cthulhu recoge seis relatos suyos ambientados en esa atmósfera asfixiante y opresiva que caracteriza a los Mitos que creó Howard Phillips Lovecraft:: lugares oscuros y misteriosos, sombras amenazantes, simas infinitas de las que surgen vientos espectrales, seres reptantes o reptiloides con tentáculos y fungosidades; grimorios y grabados de saber ancestral; signos o símbolos protectores; puertas dimensionales, meteoritos caídos que portan las semillas del mal; sueños premonitorios, pesadillas atávicas; situaciones imposibles llevadas al límite de lo racional… y sobrevolando todo, la omnipresente sombra ominosa de unos dioses primigenios ante cuya elección es imposible actuar…

El Símbolo Arcano

Y es que, salvo excepciones, Jose Francisco Sastre imbuye en sus protagonistas de esa misma pasividad o impotencia que caracteriza a los personajes del maestro de Providence. Y cuando, como August Derleth, considera posible que un humano sea capaz de enfrentar a los Primordiales o sus mensajeros (o provoque al menos esa confrontación entre elementales que Derleth define en «El Morador de la Oscuridad»), casi siempre gracias a la disposición de un Símbolo de los ArcanosSastre opta por esa visión pesimista y letal de los hechos que es habitual en Lovecraft, y la victoria, si es que llega, sucede a costa de un precio muy alto pagado a cambio; a veces, más aún que la vida…

cthulhu_spawn por mrzarono

cthulhu_spawn por mrzarono

Sastre se deja arrastrar a veces por el propio creador de los Mitos para ubicar alguno de sus relatos: así ocurre en El Final del Camino, un remedo sin duda de La Ciudad sin Nombre con todo tipo de monstruosidad similar, cuya acción transcurre de nuevo en el desierto árabe de Rub al Khali, el Lugar Vacío, la mayor extensión de arena del mundo, donde su supone se ubica la perdida Iram; y es en Arkhamy su famosa universidad de Miskatonic, donde tienen lugar los hechos narrados en La Sombra de Horus.  Pero ahí acaba todo paralelismo.  En el resto de historias da un paso adelante y abandona ese complejo provinciano que -cada día menos- abate a veces a nuestros autores hispanos (hoy mismo he defendido esta tesis, tras una presentación en la Feria del Libro de imageMálaga), y se decide -felizmente- a ubicar los Mitos de Cthulu también en nuestro país, y con protagonistas autóctonos.  Y así, aunque En las Salas de los Reyes Perdidos los hechos suceden en mitad del Atlántico y un barco de la Fundación Cousteau, la acción se inicia en Madrid, con Alberto Ballesteros, un investigador español en busca de la Atlántida. Y en otros relatos sus protagonistas se llaman Carlos, Sonia, Jaime, Martín, Laura o Jerónimo, nombres que, para ser expuestos a penurias demoníacas y hechos sobrenaturales, suenan tan bien como los Herbert, George, Walter, Jan o Gustaff que ya conocemos.

Nyarlathotep por Alcatena

Nyarlathotep por Alcatena

Y es que -digo yo- ¿por qué el Caos Reptante, Señor del Engaño, Nyarlathotep, para preparar el advenimiento de su Amo y los Señores Primigenios va a desear menos poseer un buen cuerpo serrano de cálida sangre española que otro frío y más pálido de lejanas latitudes…?  Si ya, antes, Gustavo Adolfo Becquer o Pedro Antonio de Alarcón, Tirso de MolinaZorrilla, condenaron el alma de algunos nuestros; y, más recientemente, Carlo Sisí o Alejandro Castroguer trajeron la desolación zombie a nuestras costas ¿por qué no condenar también durante la Eternidad Primigienia a otros compatriotas?

R'Lyeh por Alcatena

R’Lyeh por Alcatena

Eso es lo que hace José Francisco Sastre en Semillas de Cthulhu, sin que sus relatos o contenido desentonen o chirríen.  Y es en esos relatos situados en tierra patria y con protagonistas de nombres cercanos donde mejor funcionan sus historias.  Y aunque La Puerta en el Cielo -un relato que bebe del ciclo onírico y los Mitos a un tiempo- no requiera ubicación y pueda ser situado en cualquier parte, La Semilla, transcurre en Errillun, un supuesto pueblecito cercano al bosque de Irati, en Navarra; y El Negro Vacío, el más largo (y, para mí, mejor construido) traslada su acción por diversas localidades del noroeste de España: un pueblo en León, una capital de provincia (muy posiblemente la Valladolid de adopción del autor) Madrid,capital del reino, con final en Cantabria.

8F2El acierto de José Francisco no se limita a trasladar hechos terroríficos a lugares conocidos; más allá de ello, se atreve a realizar aportaciones propias a los Mitos, como Sham’Goath (Los Ojos del Vacio, o el Ladrón de Almas), una deidad menor, afín a Yogh Sothoth, incluso grimorios o tratados antiguos sobre magia, como «Hijo de las Estrellas», de Tomás Salvador, del S.X, copia de una copia de un tal Axanias de Tartessos; o «Magia Prohibida y Abominaciones», de Pedro de la Riva, quien en 1887 llegó a escribir una edición comentada del mismísimo «Necronomicon», ambas conservadas en secreto en la Biblioteca Nacional.  Pero, quizá, su aportación más interesante a los Mitos se encuentre en esos «triángulos necronomiconmalditos» que indica De la Riva como zonas de influencia de algún Ser; el más conocido, sobre el que escribió Lovecraft, se encontraría en Norteamérica, entre las poblaciones de Arkham, Dunwich e Innsmouth; aunque los hay también en otros países como México, Perú, China… o España: entre Valmeiga en Lugo, Errillum en Navarra, y Draguestel en la costa Asturiana.

Azathoth por Alcatena

Azathoth por Alcatena

Puede que no todo sea excelente en Semillas de Cthulhu; y algunos relatos serán mejores que otros, están narrados con estilos diferentes, y en eso, como en todo, el gusto individual decide.  Personalmente, si algo no me ha atraído es esa reitera-ción en citar a Lovecraft como referencia en todos y cada unos de los escritos, ya sea como oposición o justificación a unos hechos imposibles, increíbles, e injustificables. Y es que Jose Francisco, todo autor que siga los pasos de Lovecraft, ha de saber que no es necesario predicar a los conversos, y aquel que va a leer un libro con Cthulhu en el título lo es, y sabe a qué se expone.

Aparte de eso, saludo la aparición de este libro y alabo el paso dado por Arellano con esta nueva Serie de Autores Españoles de La Biblioteca del Laberinto, que no puedo sino apoyar, animar su continuidad, y recomendar a todos su lectura.

LOS NOMBRES MUERTOS, de Jesús Cañadas

Ficha Los Nombres MuertosSi buscar el Necronomicon podría parece una misión improbable, e imposible que la lleve a cabo el mismo Howard Phillips Lovecraft, autor que lo concibió, producto de su imaginación, que además lo haga recorriendo el mundo acompañado de dos amigos, autores tan famosos -o más- que él mismo, Frank Belknap Long y Robert E. Howard, no puede ser sino el guión de una película de ficción o -como es el caso- una sorprendente novela que ha revolucionando el panorama fantástico español, asombrando a todos con su imaginativa propuesta, y está llamada a ser uno de los protagonistas del género este año 2014.

Jesús Cañadas es un gaditano conocido en el fandom (estoo… ¿quién sigue utilizando ese término?) por sus relatos en diversas revistas y fanzines, y ya destacó con su obra anterior, El Baile de los Secretos.  Pero con Los Nombres Muertos no sólo demuestra que escribe bien, sabe recrear situaciones, definir personajes creíbles, y mantener el interés y tensión necesaria a lo largo de una obra (al menos, gran parte de ella), sino que es listo -mucho-, y ha sabido «encontrar un filón» (lo que en las escuelas de negocio llaman un «nicho de mercado») trasladando personajes que todos imaginamos sentados frente a su pluma o máquina de escribir, a un periplo por diversas partes del mundo en pos de una misión asombrosa, una aventura imposible.  Personajes famosos, conocidos; sobre todo, complicados (por no decir raros) en su vida real, que sin embargo define con corrección y dota de una personalidad específica mediante estereotipos marcados, a veces exagerados hasta el borde de la sonrisa (el humor se convierte en otra buena cualidad que utiliza); personajes que no son planos, cuyo temperamento y temple inicial evoluciona hasta hacerlos diferentes al finalizar la obra; a los que cambia su vida conocida (demasiado tal vez, hablaremos de ello) en beneficio de la aventura y la historia.  Una buena historia, por cierto, repleta de guiños interesantes.

HPL y FBL 1931

H.P. Lovecraft y F. Belknap Long, en 1931 (www.hplovecraft.com)

Corre el año 1931.  En Providence (Rhode Island), encontramos a un decaído H.P.L. que a los 41 años, tras su desafortunada estancia en New York y malogrado su matrimonio con Sonia Greene, vive acogido y mimado por sus tías, como un señorito inútil; se autodenomina Abuelo en su Círculo de amigos epistolares, y considera fracasada su carrera como escritor, hasta el extremo de decidir abandonarla.  Cuando su amigo Belknapius (F.Belknap Long) se presenta con una ficha de biblioteca codificada para el Necronomicon y el encargo de personas muy poderosas de encontrarlo, la curiosidad supera a la lógica de la imposibilidad y acometen el allanamiento nocturno de la biblioteca John Hay.  No acaba bien, y ambos se ven forzados a iniciar un viaje en busca del libro, al que se les une (de forma un poco forzada, hay que decirlo) otro escritor amigo y miembro del Círculo, el tejano Bob Dos Pistolas, Robert E. Howard, quien aportará al equipo el componente de arrojo y decisión que les falta a ambos.

Sonia Greene 1921Si, como digo, los tres personajes están bien definidos (desde una estereotipación ciertamente divertida: HPL indeciso y barroco, FBL pusilánime y secundón, REH fanfarrón y lanzado como uno de sus personajes), el mayor acierto, sin duda, se encuentra en la personalidad de Sonia, una mujer moderna, decidida y serena, dueña de la situación en cada momento, el pilar básico del equipo y contrapunto perfecto (e imposible) a la indecisión de Howard (P. Lovecraft).  Pero no son los únicos.  Por la novela transitan infinidad de caracteres (demasiados tal vez), muchos de ellos reales: Arthur Machen, Aleister Crowley, Fernando Pessoa, John Raskob, el propio Hitler…  La subasta del libro innombrable en Sotheby’s, descrita de forma seria e impecable, se transforma en un despliegue de extras y figurantes conocidos de la época (Alfred Hitchcock, Peter Lorre, Charles Chaplin, Sara Allgood, Aldous Huxley, George Orwell, Ezra Pound, Salvador Dalí, Trostki… hasta el mismo J.R.R. Tolkien hace un cameo y obtiene una edición inalcanzable -que le cuesta cara- del Beowulf, gracias a HPL), para acabar convertida en un tiroteo frenético, y una persecución implacable por el Museo Británico, propios de una película de Indiana Jones.

Sonia Greene y H.P.Lovecraft, 1924   (Fotos: www.yakeeclassics.com)

Sonia Greene y H.P.Lovecraft, 1924   (Fotos: www.yakeeclassics.com)

Porque Los Nombres Muertos no es una novela de terror, sino de aventuras, al más puro estilo clásico y pulp del género, donde la acción y la intriga dominan sobre el miedo que suscita el libro prohibido o subyace como trasfondo.  Una aventura imparable que su autor  conduce con pasión descriptiva y un atrevimiento fuera de lo común (¿en exceso quizás?) durante buena parte de la obra. Después decae, en favor de un tratamiento más lovecraftiano de la situación; también algo más confuso, donde el lector puede llegar a perder el hilo por momentos y pensar que se alarga dema-siado, fruto de ese despliegue de personajes y nombres, algún cierre indefinido, y una cerrazón de la trama que no existía antes.  Eso sí, obtiene un final de ruptura que nadie puede presuponer.

HPL y FBL

HPL y FBL (www.hplovecraft.com)

Jesús Cañadas es un valor en alza en el panorama de la literatura fantástica española (aunque, por circunstancias, resida fuera, como muchos jóvenes hoy).  Estoy convencido que volveremos a hablar de su obra (apuesto que será reconocido en la Celsius 232 de este año), y nos hará disfrutar buenos momentos futuros, si mantiene el desparpajo demostrado en Los Nombres Muertos, y esa visión para elegir temas, situaciones o personajes con que nos ha sorprendido.  Calidad y estilo tiene para conseguirlo, siempre que no se pierda en el exceso incipiente o la autosuficiencia que podría generar el éxito.

Pues si bien he disfrutado bastante con la lectura de Los Nombres Muertos, que ha mantenido despierto mi interés hasta conocer cómo se resuelve el final, y la recomiendo, también opino que una cierta contención en la espectacularidad de algunos hechos («daños colaterales» innecesarios) no hubiese estado mal. Porque aunque la novela recrea «lo que podría haber sido» y no lo ocurrido en realidad, utilizar personajes reales y conocidos para hacer más espectacular la historia tiene su peligro.  Y consecuencias bastante significativas, a mi entender: de suceder los hechos como propone Jesús, alguno de los escritores que cita y trata jamás habrían sido famosos, y él no hubiese podido utilizarlos como personajes… Círculos que no se cierran y crean espirales inciertas… (que, para no generar spoilers, comento al final, bajo la foto, en tinta blanca.  Para verlas, selecciona el texto).

Robert E. Howard (Weid Tales Magazine)

Robert E. Howard (Weird Tales Magazine)

Jesús Cañadas parece emular a G.R.R. Martin en el trato de algunos personajes llamativos; solo que, en su caso, éstos nos han dejado un legado fantástico que no existiría:

  • En septiembre de 1931, Arthur Machen ya había escrito toda su obra significativa, por lo que 16 añitos de nada pueden perdonarse (no sé si él…). Pero,
  • John Ronald Reuel Tolkien, aunque tenia publicado El Hobbit, no concebiría El Señor de los Anillos hasta 1937, obra por la que es considerado «padre de la Fantasía moderna».
  • Por esas fechas, Robert E. Howard sólo había escrito de sus personajes más carismáticos varios relatos de Solomon Kane y dos de Kull; por lo que, con seguridad, no sería más que otro entre muchos autores pulp. (Eso sí, le concede un final bastante más heroico y guerrero que en la vida real -que él mismo agradecería, por conducirle al Valhalla- en una escena que podría ser extraída de un relato de Kirby O’Donnel o Francis X. Gordon, El Borak).  El primer relato de Conan el Bárbaro no se publica hasta 1932…

 Y, en ambos casos, Jesús, muchos no podríamos perdonarte…  

😉